domingo, 8 de septiembre de 2013

06/09 Kamena Vourla

Este año, con la excusa de la boda de nuestra amiga Caterina (una excusa bastante buena, por cierto), Tereixa y yo nos hemos ido de vacaciones a Grecia. ¿Vacaciones en el extranjero, has dicho? Eso significa que habrá plasto-serie, digo yo. Pues claro, ¿qué crees que es lo que estás leyendo? De verdad, es que hay que explicároslo todo. Bueno, vamos a hacerlo un poco más ampuloso:

¡Chan-ta-ta-chaaaaan! ¡Señoras y señores, aquí da comienzo la plasto-serie de 2013! De como Tereixa fue a Grecia con intención de encontrarse con Leónidas y sus 300 muchachotes (o, al menos, alguno que se les pareciera lo suficiente) y Luis atacó su objetivo de engordar cinco kilos a base de comida griega. Veremos si lo consiguen.

El viernes 6 salimos de Madrid rumbo a Atenas. Puesto que Caterina se casaba al día siguiente cerca del Monte Olimpo, al norte de Grecia, la primera parte del viaje iba a consistir en recorrer Grecia hasta el lugar de la boda. Por el camino nos encontraríamos con Pablo, Stephy y su troupe. Con ellos íbamos a hacer solo la primera parte del viaje porque, al llevar a los niños, habían preferido dedicarse luego a pasar unos días en un lugar relajado de playa en lugar de irse a recorrer el interior del país como haríamos nosotros.

Llegamos al aeropuerto de Atenas sin muchos contratiempos, salvo un ligero retraso, y fuimos a recoger el coche que habíamos alquilado. Allí tuvimos nuestro primer contacto con personal griego que trabajara de cara al público. La chica de Hertz resultó no ser exactamente una borde, pero tampoco sabía tratar con la gente. No íbamos a empezar el viaje montando el poyo, así que cogimos los papeles del coche y nos largamos, pero la primera impresión del país no nos gustó mucho.

Pusimos rumbo a Kamena Vourla, un pueblo costero a mitad de camino entre Atenas y el lugar de la boda, Leptokarya, donde íbamos a encontrarnos con nuestros amigos y pasar la noche. Llevábamos todo el viaje ya organizado a través de Grecotour, una agencia de viajes madrileña que se dedica exclusivamente a los viajes a Grecia. Nos la había recomendado Edurne, que la utilizó hace unos años para su viaje por las islas griegas y ahora os la recomendamos también nosotros. Alexis, la persona que trató con nosotros (es griego), es muy majo, conoce bien su trabajo y se preocupa mucho por sus clientes. No solo nos organizó todo el viaje siguiendo exactamente lo que le pedimos, sino que también se ha ocupado de resolver sobre la marcha los pequeños problemas que hemos tenido en alguna ocasión. Pero no es culpa suya que el hotel Aura, donde pasaríamos la noche en Kamena Vourla, estuviera mal señalado en el TomTom. Nada que no pudiéramos arreglar preguntando un poco a la gente por la calle, de todos modos. Más por señas que otra cosa, porque el nivel de inglés que tienen los griegos no es muy distinto del que tenemos en España. Pero, pese a lo que nos pasó en la oficina de Hertz, casi todos los griegos con los que hemos tratado han sido muy amables, conque por ahí no hay problemas.

Nuestro hotel no era maravilloso, pero sí suficiente para nuestros propósitos. Además, empezamos a ver cómo era de verdad el personal griego. Pese a hablar poco inglés, los del hotel nos trataron muy bien y nos ayudaron con todo lo que les pedimos. Al cabo de un rato llegaron Pablo y Stephy con Inés y Pablo, así que nos fuimos a cenar a un lugar cercano. Una pena no haber buscado un poco más porque cerca había una psarotaverna (restaurante de pescado); de todos modos, la comida fue sencilla pero bastante buena. Todo comida griega, claro. La cena de cuatro adultos y una niña (Mateo es demasiado joven para comer nada que no lleven sus padres) en una terraza, incluyendo siete jarras de cerveza de medio litro nos salió por unos 45€. Y no nos pudimos acabar todo pese a nuestros esfuerzos. Esto es general en Grecia: buena comida barata, cerveza abundante (el medio litro es la medida habitual, incluso en botellín) y también barata. Tal vez deberíamos quedarnos aquí.

Pequeño inciso para el idioma. El griego tiene una ventaja para los españoles: tenemos casi el mismo acento. Si os encontráis con algún griego que hable nuestro idioma, tal vez penséis que lo domina porque apenas se les nota el acento. Eso le pasó a la pobre Caterina cuando la conocimos; tenía problemas para entendernos porque aún no hablaba muy bien el castellano, pero nosotros pensábamos que sí porque no tenía acento. Pero bueno, el caso es que esto hace que sea fácil entender las palabras que conoces y también que te entiendan cuando usas palabras griegas, por lo general. Alguna palabras de uso frecuente (transcritas en alfabeto latino):

Sí - Nai (se pronuncia ne)
No -Oji
Gracias - Eujaristies (se pronuncia efjaristós)
Por favor, de nada... - Parakaló (esto lo oyes sin parar; es parecido al bitte alemán o el prego italiano)
Buenos días - Kalimera
Buenas tardes/noches - Kalistera
Adiós - Antío

Y ya poco más hicimos, que estábamos cansados por el viaje y nos esperaba un día muy largo. Mañana, a Leptokarya y a la boda.

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