lunes, 9 de septiembre de 2013

08/09 Meteora

Aunque los títulos de las entradas indican el lugar donde dormimos cada día, nuestra idea es llegar a cada sitio a media tarde y realmente dejar la visita para la mañana siguiente, porque muchos sitios cierran pronto. Esto ocurre, por ejemplo, en Meteora, donde algún monasterio cierra a las tres de la tarde. Pero no adelantemos acontecimientos.

Mis buenas intenciones de levantarme pronto para aprovechar el desayuno del hotel fueron insuficientes: me quedé sobando como una marmota. Una marmota con resaca, para ser más precisos. De todos modos, Tereixa, que sí consiguió bajar al comedor antes de las diez, me dijo que el desayuno había estado bien, pero no tanto como el del día anterior. En fin, cuando subió me despertó, me arrastré hasta la ducha y de allí salí ya convertido en algo cercano a una persona. Acabamos de recoger, me tomé un café en la propia cafetería del hotel (y no nos metimos en la piscina de milagro, porque ya nos apetecía, ya) y fuimos directos a coger el coche para salir hacia Meteora. Por cierto, Tereixa no pudo devolver el mechero a la chica que estaba el día anterior en recepción. En efecto, cuando le preguntó si podía darle una caja de cerillas del hotel o algo, como no había, le dio su propio mechero. Ya os digo que todos los griegos nos están tratando muy bien, salvo la antipática de Hertz.

Como íbamos bastante empanados, no nos acordamos de que habíamos quedado con nuestros amigos para comer hasta que estuvimos en la carretera. Pablo, Stephy, reconocemos que somos unos zoquetes, pero no nos odiéis demasiado. En fin, hablamos con ellos por teléfono y les informamos de que nos habíamos marchado ya.

Como eso de los peajes por autopistas inexistentes del día anterior no nos había gustado mucho, le pedimos al GPS que los evitara. Al principio se hizo un lío, pero luego lo conseguimos. Y no era fácil: varias veces tuvo que tomar un desvío en el último momento para evitar el peaje. Llegamos a comer a Tríkala, una ciudad que destaca por la popularidad de las bicicletas en ella. Tanto que, según nuestra guía, hay dos días en septiembre en los que está prohibida la circulación de automóviles. Y nosotros llegábamos un domingo de septiembre... Cuando llegamos vimos una pancarta que decía que la fiesta de la bici había sido justo el día anterior, así que pudimos entrar.

El centro de Tríkala es semipeatonal y bastante agradable en el buen tiempo, con muchas terrazas a la sombra. Acabamos comiendo en un sitio simple de souvlaka, que viene a ser la comida rápida griega. Es decir: kebab en todas sus variedades. Tríkala no es un lugar turístico, así que solo tenían la carta en griego, pero la señora nos explicó todos los platos uno por uno. Eso sí, en alemán con algunas palabras en griego o en inglés. Pero bueno, fue suficiente para entendernos y que nos sacara unos platos enormes con todo lo que queríamos. Por 15€ casi salimos rodando.

Un ligero refrigerio

Tal vez veáis en la foto dos vasos de agua. En Grecia, en cuanto te sientas te sacan una jarra o una botella de agua con vasos para todos. Y luego ya pides lo que sea. Y el postre también suele ir por cuenta de la casa. Cuando acabas de comer te sacan unos platos con fruta (en esta época, casi siempre sandía) o unos dulces.

Dimos un paseíto por Tríkala para bajar aquello y ya nos fuimos directos hasta Kastriki, nuestro destino. Meteora es un conjunto de peñascos enormes, muchos de ellos coronados por monasterios ortodoxos, pero no es una población. La que está al lado es Kastriki, que realmente es una pedanía de Kalambaka, otra población cercana. Nuestro hotel, el Pyrgos Adrachti (lo que los griegos transcriben como CH realmente suena como nuestra J), estaba en el extremo superior del pueblo; como nuestra habitación daba a la parte trasera, desde la ventana solo veíamos un bosque y los peñascos verticales de Meteora. Difícilmente podíamos pedir unas vistas mejores. Y, como siempre, el personal encantador. Casi antes de que abriéramos la boca nos dieron la contraseña de la wifi (todos los hoteles la tienen, es gratuita y va bastante bien), un mapa con todos los monasterios y sus horarios y un libro sobre Meteora en castellano. Este último solo en préstamo, de hecho estaba bastante sobado, pero nos sirvió para sacar bastante información útil.

Desde la habitación del hotel

Pese a llegar con tiempo para ir al monasterio que cerraba más tarde, precisamente el único que cerraba al día siguiente, preferimos dedicarnos a recorrer los alrededores. Se puede hacer algunos recorridos por el monte que hay junto al pueblo en los que hay algunos pequeños monasterios abandonados y una cosa bastante curiosa, la Roka, que consiste en eso mismo, una gran roca vertical. Quiero decir que no tendrá más de cinco metros de diámetro, pero no menos de sesenta de altura. Llegamos hasta allí y no la veíamos hasta que nos dimos cuenta de que la teníamos justo al lado. Es bastante impresionante. Y, pese a parecer escondida, como es tan alta sobresale entre los árboles y se ve perfectamente desde el pueblo, como pudimos comprobar más tarde.

Roka

También estuvimos recorriendo la propia Meteora, pero sin entrar en monasterios. Sí pudimos comprobar el paisaje desde las alturas y el montón de escaleras que íbamos a tener que subir para entrar en esos monasterios. De hecho llegamos hasta la entrada de uno, el de Santa Bárbara Rousanou (la ou en griego se lee, simplemente, u, como en francés) y conté los escalones: 265.

Después de tanto pateo nos tomamos una cervecita (recordemos, las cervezas griegas son de medio litro) en una terraza mientras veíamos el atardecer y nos fuimos a cenar a un sitio que nos habían recomendado, la Taverna Gardenia. De hecho es un sitio bastante popular, especialmente ese día en que tenían una mesa con casi treinta personas, así que el personal iba de un lado a otro a toda pastilla. Eso sí: ellos corrían mucho, pero a ti no te metían prisa. Los griegos te dan tu tiempo para comer, aunque lo habitual es que tampoco se apresuren tanto como estos en servirte. En fin, volvimos a comer muy bien por 16€ los dos. No sé cómo no hay más gordos en este país.

Y ya a dormir, que estábamos hechos mixtos con todas las escaleras, los paseos por el monte y las pocas horas dormidas la noche anterior. Mañana nos toca volver a madrugar para subir a Meteora.

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