Aunque Tereixa y yo habíamos estado hablando de irnos una semana de vacaciones juntos desde Nochevieja o por ahí, lo que nos decidió a irnos a Grecia fue recibir una invitación para la boda de nuestra amiga Caterina. Para quien no la conozca, tanto Cat como su novio, Dimitrios, son griegos, pero ambos llevan muchos viviendo fuera de su país. De todos modos, para casarse decidieron volver a él. En concreto, a una población de la costa del Egeo cercana al monte Olimpo llamada Litohoro, si bien la ceremonia se celebraría en otra cercana llamada Leptokarya. En esta última teníamos reservados nuestros hoteles.
El señor del hotel Avra nos había preguntado el día anterior si nos parecía bien desayunar a las diez o diez y media porque tenía un grupo grande que iba a desayunar a las nueve. Pues bien. De todos modos, Tereixa y yo habíamos decidido levantarnos pronto y aprovechar para bajar un poco a la playa antes del desayuno. Playa que realmente no existía, o no estaba al menos en las proximidades del hotel. Bueno, había una pequeña zona de cantos rodados junto al mar y allá que nos fuimos. Claro que, además de cantos rodados (ella llevaba chanclas y podía caminar bien bajo el agua, pero yo no) había un montón de medusas. Veíamos a algunos jubilados bañándose por allí, pero no nos fiábamos mucho, conque el baño fue corto. De todos modos, estuvimos paseando por los alrededores. Kamena Vourla parece un sitio agradable para el veraneo y tal vez haya una playa de verdad por algún otro sitio. Al menos, cerca del hotel había un indicador hacia Paralía, que es playa en griego. Por cierto: luego nos informaron en el hotel de que las medusas son peligrosas en agosto, cuando son más pequeñas, pero ya en septiembre se limitan a flotar y no pican.
Recibí una llamada de mi compañía de móvil (Ono). Resulta que no me funcionaba el roaming ni a Tereixa tampoco (ella tiene Jazztel); por suerte, había llevado también el móvil del trabajo, que es de Movistar y sí se enganchó sin problemas, así que la noche anterior les había llamado para ver qué pasaba. Probamos de todo sin resultado, conque me prometieron mirarlo mejor y volver a llamarme al día siguiente. Y misterio resuelto: resulta que, de toda la Unión Europea, tienen acuerdos de roaming con todos los países salvo Grecia y Letonia. Sospechamos que a Jazztel le pasa lo mismo. Si vais a Grecia y queréis usar el móvil, aseguraos antes de que vais a poder hacerlo.
De vuelta al hotel, como teníamos hambre, fuimos a avisar a nuestros amigos de que bajábamos ya a ver si nos daban de desayunar. Claro que movilizar a los niños no es tan sencillo, así que ellos tardaron un ratito más. Mientras tanto nos fueron llenando la mesa de cosas. Era una mesa redonda para cinco personas y de verdad que no cabía nada más en ella.
Una vez atiborrados nos despedimos del hotel y partimos hacia Leptokarya. Aunque a pocos kilómetros de Kamena Vourla teníamos nuestra primera parada: las Termópilas. Hoy día no se parecen mucho a las que había en la época clásica porque el mar se ha retirado algunos kilómetros, así que el antiguo desfiladero se encuentra actualmente en tierra firme. Pero sí hay un par de monumentos, uno de los cuales representa la victoria (aunque los griegos fueron derrotados en la batalla de las Termópilas, el retraso causado a las tropas de Jerjes luego les permitió vencerles en Salamina) y el otro a Leónidas. Que tiene su parecido con el de la peli de 300, al menos de cuello para abajo. Desde luego, a Tereixa le sirvió igual.
Luego ya seguimos camino hacia Leptokarya. Pese a ir por la carretera que une las dos principales ciudades griegas, Atenas y Salónica, hay tramos de doble carril y tramos de doble sentido. Casi todos los de doble carril son de peaje. La autopista está en construcción en algunos tramos, pero parece que han decidido empezar por los peajes; así, de vez en cuando la carretera de doble sentido se desdoblaba, llegabas al peaje, pagabas tus 2€ y al cabo de un kilómetro volvías al doble sentido. No nos hacía mucha gracia eso de pagar por usar una autopista que no existía, la verdad.
Finalmente llegamos al Hotel Olympos, donde nos alojábamos Tereixa y yo. No fue fácil encontrarlo porque por esa zona todo se llama Olympos y, lo creáis o no, el hotel no tiene dirección. Al parecer está en una calle sin nombre, en una zona con callejuelas estrechas. Habíamos mirado antes en Google Maps dónde estaba, pero no había forma de encontrarlo. Finalmente llamamos por teléfono al hotel y resultó estar más o menos en la única callejuela por la que no habíamos pasado. Bueno, pese a tener solo dos estrellitas, el hotel es nuevo y tiene buenas instalaciones, estuvimos bastante contentos con él. Claro que no se acabaron allí las pérdidas: fuimos en busca de nuestros amigos y ellos en la nuestra, gracias a que habíamos visto antes la situación de nuestros respectivos hoteles. Pero resulta que, aunque el nuestro estaba bien, el suyo está mal puesto en Google Maps. En lugar de 900m al sur del nuestro, estaba en la misma calle, pero unos 300m al norte. Así que, cuando creíamos que íbamos unos al encuentro de los otros, resultó que nos estábamos separando. En vez de diez minutos tardamos unos tres cuartos de hora en encontrarnos. Menos mal que nos habíamos puesto como el quico en el desayuno, porque acabamos comiendo casi a las cinco de la tarde.
Ah, esto os va a gustar a muchos: las horas de las comidas en Grecia son parecidas a las españolas. No vais a tener el típico problema de ir a comer o cenar y no encontrar ya sitios abiertos.
Lo malo era que teníamos la boda a las siete y sobre todo las chicas querían su sesión de chapa y pintura para ir divinas de la muerte, conque íbamos un poco apresurados. En realidad no necesitaron tanto, al menos Tereixa (me temo que Stephy tenía el obstáculo adicional de los niños). A las seis de la tarde ya estaba tan matadora como podéis apreciar aquí debajo.
Andando tranquilamente, llegamos a la iglesia media hora antes de lo convenido y no había nadie más que algunas personas preparándola para la ceremonia. Parece que en Grecia no se estila llegar demasiado pronto. Eso nos permitió dedicarnos a ver el interior del templo y comprobar que las iglesias ortodoxas no se distinguen, precisamente, por su sobriedad.
Un rato después empezó a llegar gente, incluido el novio. Por cierto, Dimi prácticamente habló conmigo solo en castellano durante todo el día, pese a que nunca ha estudiado este idioma ni ha vivido en nuestro país. Alguna vez se equivocó (como cuando me dijo que la chica que estaba bailando con su hermano era mi novia, en lugar de la suya), se le dan bien los idiomas.
La ceremonia ortodoxa es interesante y, seguramente, lo habría sido más si hubiéramos entendido alguna palabra más que "Ekaterini", "Dimitrios", "kyrie eleison" y "amen". Por suerte, repitieron todas ellas unas doscientas veces. Los dos popes que celebraban estuvieron hablando (o más bien cantando) sin parar, el resto de la congregación solo abrió la boca para rezar lo que a todos nos pareció el Padrenuestro. Eso sí, mientras tanto hicieron unas cuantas cosas con los novios, como ponerles unas coronas que luego meneaban los padrinos, dar varias vueltas al altar y demás. En Grecia los padrinos son al estilo yanqui; es decir, un amigo del novio y una amiga de la novia. Cuando acabaron dejando las coronas sobre la cabeza de los novios, la madrina se pegó un buen rato arreglando la de su amiga Caterina hasta que le quedó perfecta sobre el peinado; de la de Dimitrios, que casi le colgaba de una oreja, pasó por completo. Las mujeres sois iguales en todas partes, oye :)
Después de la ceremonia dejamos a los novios haciéndose algunas fotos y los demás nos fuimos al hotel de Litohoro donde tendría lugar la fiesta. Algunos en coche, pero Tereixa y yo fuimos en un autobús que habían fletado para que la gente que se alojaba en ese mismo hotel bajase a la iglesia. Aunque sabíamos dónde estaba el hotel porque habíamos llegado hasta él buscando nuestro hotel por la mañana (ya os digo que dimos más vueltas que un pirulo). El sitio era perfecto para una boda de verano y el tiempo acompañó. Todo al aire libre sobre el césped, salvo la pista de baile que era una tarima. Por cierto, para que las chicas que llevaran taconazo pudieran descansar los pies, había unas cestas con chancletas para bailar. Podéis ver a Tereixa y Stephy luciendo las suyas en esta foto con los novios.
En nuestra mesa para la cena estaban algunos de los muchos amigos que los novios hicieron en el máster en que se conocieron, hace cinco o seis años. Teníamos a dos chicos españoles, pero también otro de Canadá, una chica mexicana, otra estadounidense y otra japonesa. Que actualmente también están repartidos por el mundo; de hecho, Jesús, el leonés de nuestra mesa, vive en Taiwan pero se iba al día siguiente a Vietnam. En general, todos muy majos, lo pasamos bien con ellos.
La cena, curiosamente para nosotros, era autoservicio. Habían puesto una mesa muy larga al fondo y nos iban llamando mesa por mesa (las mesas tenían nombres de islas griegas y cada uno de nosotros cogió a la entrada un barquito con su nombre y el de la isla que le tocaba, la nuestra era Santorini) para que fuéramos pasando a coger lo que quisiéramos sin aglomerarnos. La idea no es nada mala; así cada cual cogía lo que le gustaba y en la cantidad que le parecía bien. Además, daba tema de conversación en una boda en la que mucha gente no conocía a casi nadie, como nos pasaba a nosotros.
Durante la cena ponían música y Caterina tuvo un detalle con sus amigos españoles, haciendo que pusieran dos canciones de nuestro país. Como era el día de la boda, no le tendremos en cuenta que una fuera de Melendi y la otra, de Macaco. Te queremos igual, Cat :)
Luego hubo baile toda la noche con música variada, incluyendo lo que sonaba a movida madrileña, versión griega. Bastante divertida para bailar casi toda. Y también hubo momentos de música tradicional griega, parte de ella interpretada en directo, para que bailaran los novios y sus familias. En estos bailes cada vez lideraba una persona distinta, lo que hacía que no solo fueran los novios los protagonistas de la fiesta, sino también sus padres, sus hermanos y los padrinos. Nos pareció bastante bonito. En los sirtakis también entraban otras personas a bailar, incluyendo algunos de los guiris. Tereixa, por supuesto, fue una de ellas. El sirtaki no es tan fácil de bailar, porque la música va en 2/4, pero se baila en 6/8, así que es fácil liarse. Y hay trozos muy rápidos. Pero parece bastante divertido.
Bueno, la fiesta se prolongó hasta casi las cinco de la mañana y los novios fueron tan majos como lo son siempre. Tereixa y yo cogimos un taxi para volver a nuestro hotel. Entre el viaje de la mañana, las copas y los bailes, hechos migas. Caímos como leños en la cama, dispuestos a levantarnos al día siguiente a una hora más o menos decente para poder desayunar y luego marcharnos. Eso iba a ser duro.



No hay comentarios:
Publicar un comentario