miércoles, 11 de septiembre de 2013

11/09 Nafplio

Hoy era el último día con nuestra habitual rutina de madrugón - visita turística - viaje. A partir de ahora pasaremos dos noches en cada sitio. Lo que agradeceré porque, como os decía ayer, estoy un poco harto de conducir. Claro que, para culminar, el viaje de hoy era de los más largos.

Hoy me iba a despertar a la hora de siempre, las 7:15. Pero, vaya usted a saber por qué, a las siete en punto Tereixa me ha dado un empujón para que me levantara. Creo que luego ha murmurado alguna excusa de la que no me enterado porque, claro, estaba totalmente frito; de todos modos, conociendo a las mujeres, supondré que lo ha hecho por joder y listo. En cualquier caso, a las 7:01 estaba otra vez en coma y así he permanecido hasta que ha sonado el despertador. Luego el desayuno ha sido de los mejores salvo el zumo que era de polvos. Para variar, en lugar de la planta baja esta vez ha sido en una terraza de la planta superior del hotel. Pero las vistas no eran muy allá.

Luego hemos echado a andar hasta la antigua Olympia. Como ya os dije, el pueblo actual está pegado a las ruinas, así que es un paseíto corto. Hemos empezado por el museo de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. La entrada cuesta 2€ y se pueden ver restos arqueológicos relacionados directamente con las pruebas olímpicas, además de numerosas historias para poner en contexto los objetos exhibidos. Si os gusta el deporte, al menos, es bastante interesante. En cualquier caso es un trozo importante de la historia. Los Juegos Olímpicos se celebraron ininterrumpidamente cada cuatro años durante más de mil. Los Juegos modernos tienen poco más de cien años de historia y ya han conocido tres interrupciones, además de varios boicots parciales. En la Grecia clásica, en cambio, la tregua olímpica era sagrada y todos los pueblos griegos (solo podían participar hombres griegos libres y nacidos de griegos libres) enviaban a sus representantes. Solo podían participar varones, como os digo, las mujeres no podían ser ni siquiera espectadoras, salvo una sacerdotisa; pero hubo alguna campeona olímpica. No porque se disfrazaran (difícil cuando se compite desnudo), sino porque las criadores de los caballos que ganaban los concursos ecuestres también se consideraban campeones olímpicos.

Después bajamos a la zona arqueológica, que es el recinto de la antigua Olympia. La mayor parte de él está ocupado por templos y edificios auxiliares varios rodeando el templo principal, que era el de Zeus. En Grecia se celebraban varios Juegos, pero estos eran con diferencia los principales y estaban dedicados al dios principal, Zeus. Los segundos en importancia eran los Juegos Píticos, celebrados en Delfos en honor de Apolo en el área que visitamos ayer, aunque allí eran más numerosas las competiciones culturales (poesía, música...) que las deportivas.

El edificio principal era, como os digo, el gran templo de Zeus que contenía una de las siete maravillas del mundo: la colosal estatua de Zeus Olímpico, obra de Fidias. Por desgracia, de la estatua no queda ni rastro. Tan solo alguna descripción, alguna moneda que la representa y el recuerdo. Y del templo, como del resto de la ciudad, solo quedan ruinas a causa de la acción combinada de los edictos de Teodosio II contra el paganismo y los terremotos. Para el siglo VI d.c. ya no debía estar en mucho mejor estado que en la actualidad. La estatua de Zeus Olímpico, en cambio, se llevó a Constantinopla y se le pierde el rastro en el siglo V d.c. Supongo que una estatua de casi quince metros de marfil y oro era demasiado golosa para los saqueadores.

Esto es lo que queda del templo. Imaginad la estatua por algún sitio.

En cuanto a los edificios relacionados directamente con el deporte, había un gimnasio, una palestra y, sobre todo, el estadio, que es lo que mejor se ha conservado. Principalmente porque no hay mucho que conservar: la mayoría de los espectadores se sentaban en las laderas que rodeaban la pista, solo había una pequeña tribuna similar a lo que hoy sería un palco presidencial. También alguna estatua, el arco de entrada y poco más. Pero es la parte más popular en la actualidad.

He podido hacer una foto sin gente porque soy un cabezón

Tras recorrer todo al recinto, lo que lleva un buen rato, hemos ido al museo. Al igual que el día anterior en Delfos, cuesta 6€ cada una de las dos cosas, pero hay una entrada combinada por 9€. Y también se complementan a la perfección. En el museo veíamos multitud de piezas recogidas en el recinto arqueológico y todas las estatuas que en la actualidad ya no se mantienen allí. En vista de las ansias que mucha gente tiene por tocar todo en las ruinas, no me extraña.

El Hermes de Praxíteles sujetando al pequeño Dionysos

El museo contiene muchas obras valiosas en bastante buen estado de conservación, como podéis ver. Si os gusta el arte griego, no deberíais perdéroslo.

Al acabar de ver el museo, de todos modos, estábamos bastante cansados porque llevábamos unas cuatro horas de pie. Así que descansamos un poco en la cafetería tomando un café frappé y volvimos al coche que habíamos dejado aparcado junto al hotel. El final de nuestra visita estaba aún más cerca que el inicio, no creo que tuvieramos que caminar ni 500 metros. Y ya pusimos rumbo hacia nuestra siguiente parada, Nafplio.

Pusimos rumbo de aquellas maneras, porque hay que dar bastante vuelta. Eso sí: en la boda un amigo de los novios nos había dicho que en el Peloponeso había bastantes peajes sin autopista, de esos que tanto odiábamos; pero ya no es así porque la autopista está construida. Y, claro, es nueva. Si a eso añadimos que había muy poca circulación, fue un viaje de lo más tranquilo y sencillo. Eso sí, alguien decidió hacer una nueva demostración de los absurdos límites de velocidad griegos. Por poneros un ejemplo: a la vuelta de Meteora íbamos por un tramo de autovía nuevo, recién asfaltado, sin curvas noticiables. Velocidad máxima: 70 km/h. De repente se acababa el asfalto nuevo y quedaba la misma autovía, pero más estrecha y llena de baches. Velocidad máxima: 110 km/h. La autopista del Peloponeso tiene limitada la velocidad a 100 km/h durante casi todo su trazado, pero no hacía caso a ese límite ni yo, que no me los salto casi nunca. Y el peaje tampoco es muy caro, por cierto.

Aunque antes de coger la autopista tuvimos que conducir durante un buen rato hasta Kalamata, una de las mayores ciudades del Peloponeso, aunque sin ningún atractivo turístico. Pero hemos seguido nuestra costumbre de parar a comer en lugares poco turísticos. Esto nos sirve, entre otras cosas, para conocer un poco mejor el país, además de obligarnos a buscarnos la vida con menús en griego y atendidos por personal que no conoce otro idioma. Claro que tiene la ventaja de que nos atiborran por muy poco dinero, como hoy ha sido el caso, para variar. Esta vez hemos comido los dos por 10€ y no podíamos más al salir.

Por 6€ te dan esto en Grecia

Finalmente hemos llegado a Nafplio. ¿Que no os suena de nada? Antes de este viaje, a nosotros tampoco, para qué vamos a engañarnos. Pero Alexis nos recomendó un par de días aquí para visitar toda esta zona del Peloponeso y le hicimos caso. Hasta ahora no nos hemos arrepentido una sola vez de hacerle caso y esta no va a ser la excepción. Nafplio es una población costera con un centro peatonal muy bonito. Es bastante turística, eso sí, aunque esto también tiene sus ventajas. Y, si hasta ahora todos los hoteles han estado muy bien situados, este es el mejor. Al lado del mar y con unas vistas a una fortaleza marina (Nafplio tiene cuatro fortalezas, nada menos) perfectas. Ahora mismo os escribo desde la terraza y lo que estoy viendo es lo que sale en esta foto, aunque de noche. Con la fortaleza iluminada, por cierto.

La foto de noche sale bastante mal

¿Había mencionado ya que estamos teniendo un tiempo perfecto? Bueno, por el día pasamos un poco de calor, pero las noches dan gusto para dormir con la ventana o la terraza abierta.

Antes hemos cenado en un restaurante del centro, al precio turístico (26€ entre los dos), pero mejor que en Delfos u Olympia. En estos restaurantes turísticos suelen tener más variedad que en los populares de las comidas, así que lo hemos aprovechado. Y por la noche podemos beber cerveza, cosa que no hacemos a mediodía porque tengo que conducir luego y Tereixa se solidariza conmigo (gracias, Tereixiña). Casi siempre la omnipresente cerveza Mythos, que es bastante buena. Y en el tamaño estándar de medio litro, cómo no. Aunque un rato antes he pasado el peor momento del día. Paseando por el centro he notado algo que me molestaba en la parte trasera del cuello. He echado la mano para quitar lo que fuera y he sentido un fuerte pinchazo en el dedo. Al parecer, era una avispa que me ha picado. Aparte de que me doliera bastante, lo peor era pensar que se me iba a hinchar y podría tener problemas para conducir o para escribir. Como podréis deducir por el rollo que os estoy soltando, el dedo no se me ha hinchado, aunque sigue molestándome un poco. En fin, cosas que pasan.

Voy a aprovechar para meteros un poquito más de vocabulario griego:

Buen viaje - kalódromo (es lo que te dicen en los peajes después de pagar)
Hola - Yases (el saludo más habitual, también puedes usarlo para despedirte)
Cerveza - Byra (mira que olvidarme el otro día...)
La cuenta, por favor - To logariazmo, parakaló (de ahí viene logaritmo, claro)

Y ya os dejo porque es tarde y mañana me levanto a la hora de siempre. Aunque no tendremos traslado, es posible que practiquemos un deporte de riesgo: ver el España - Grecia de baloncesto en un bar griego. Si no nos notamos muy osados, lo veremos en la habitación del hotel y listo.

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