jueves, 12 de septiembre de 2013

12/09 Segundo día en Nafplio

Por primer día desde que llegamos a Grecia, hoy no teníamos que cambiar de localidad y hotel para dormir. Así que hemos decidido celebrarlo subiendo a la fortaleza de Palamidi. 922 escalones de subida, aunque puedes subir solo unos 600 y alcanzar el primer bastión. - Pues para eso ya subes los otros 300 y tienes la fortaleza entera, ¿no? ¡Ese es el espíritu! Al culminar el escalón número 922 tienes la satisfacción de encontrar al señor Kostas en una cabina, con cara de aburrimiento, y dispuesto a venderte la entrada a la fortaleza. Más te vale haber llevado los 4€ que cuesta; si no, media vuelta chaval. Haré un inciso para decir que llamamos "señor Kostas" al griego genérico. Puede ser una persona concreta, como en este caso, o imaginaria. Como el causante de la Ley de Costas griega, que nosotros llamamos Ley de Kostas porque el señor Kostas fue y dijo: pues voy a construir esta casa hasta la mismita playa, oye. La griega genérica es la señora Eleftheria. Espero que ese nombre le guste a nuestra amiga Caterina, no como Terpsíjores, que es, según ella, el nombre más feo que existe en griego. Si el avispado lector ha encontrado una relación entre este hecho y la dirección de este blog, habrá estado en lo cierto. Después de la garita del señor Kostas lo que hay es... más escaleras. La fortaleza no es llana, precisamente. Calculamos que dentro de ella habremos subido (y bajado) otros 300 o 400 escalones. Comparado con esto, lo del otro día en Meteora fue un simple calentamiento. Por suerte, habíamos ido a primera hora de la mañana, cuando todavía no hace calor (hoy le ha arreado de lo lindo) y el sol da en el lado opuesto de la montaña.

Las tres fortalezas: Acronafplia y Bourtzi desde Palamidi

He mencionado los bastiones de la fortaleza. Si no recuerdo mal, hay un total de ocho: uno por debajo del nivel del grupo central y los demás arriba. Actualmente llevan nombres de héroes griegos (incluido uno francés, pero que luchó por la independencia de Grecia), pero la fortaleza la construyeron los venecianos. De hecho, la ciudad se llamaba antiguamente Napoli di Romania. Luego la tomaron los turcos y, finalmente, los griegos. Da para un buen rato de visita. Y, si no tenéis ganas de chuparos casi mil escalones para llegar, podéis subir en coche. Pero os llamaré flojos.

En algunos de los bastiones, aparte de las murallas, se pueden ver otras dependencias, como algunas prisiones. Una de ellas es la llamada de Kolokotronis porque allí estuvo preso el general griego del mismo nombre durante la guerra de la independencia. Su celda no parecía muy cómoda, la verdad.

Tuve que entrar a gatas

Una vez recorrida la fortaleza, no nos costó mucho decidir que no íbamos a ir a Acronafplia, otra fortaleza que está más abajo. Ya habíamos tenido bastante, así que fuimos escaleras abajo. Curiosamente, nos costó mucho menos bajar que subir. De todos modos, nos recompensamos con unos frappés en una cafetería del centro y fuimos a coger el coche para dirigirnos a nuestro segundo objetivo del día: Epidauro.

Epidauro se encuentra a unos 30 km de Nafplio. Y supongo que todos la conoceréis por su famoso teatro. Pero no está solo: junto a él están los restos del santuario de Asklepio, el dios griego de la medicina (Esculapio es la versión romana). Actualmente están restaurando varios de los edificios del recinto, pero aun así hay mucho que visitar y nos sorprendió agradablemente. Eso sí: el museo adjunto es menos interesante que los de Delfos u Olympia porque casi todas las piezas originales están en el Arqueológico de Atenas; casi todo lo que hay aquí son moldes de escayola de esas piezas.

Los antiguos griegos iban al santuario de Asklepio a curarse de sus enfermedades o acompañar a sus familiares enfermos. Aunque allí también acabaron celebrándose unos Juegos, como no, y se puede ver el estadio en el recinto arqueológico. Había un edificio, actualmente en restauración, dedicado a que los enfermos durmieran en él. En sus sueños se les aparecía el dios Asklepio y les curaba. Se pueden leer algunos testimonios, como el de una mujer que en sueños vio como un joven le levantaba el vestido para que Asklepio le tocara el vientre; después de esto consiguió quedarse embarazada de su marido, pese a que antes no habían podido tener hijos. Para mí que la historia real fue ligeramente diferente de cómo la contó la buena señora, pero quién soy yo para dudar de su palabra.

Pero volvamos al teatro, que era el motivo principal de nuestra visita. El teatro se conserva en muy buen estado y aún hoy día se usa para hacer representaciones en él. Tiene capacidad para unas 15.000 personas y es célebre por su excelente acústica. Muchos turistas se dedican a ponerse en el centro del escenario y hablar o cantar desde allí, pudiéndoseles escuchar sin dificultad incluso desde las últimas filas. Tereixa y yo estuvimos tentados de interpretar nuestro gran éxito "El mejillón", pero finalmente desistimos. Pero sí pudimos escuchar a una pareja de rusos, a quienes llamamos "Los Pimpinela rusos", cantar una canción bastante bien aprovechando la acústica.

Ya cabe peña, ¿eh?

Luego nos tomamos un té helado y decidimos que ya teníamos bastante cultura por hoy, conque nos fuimos a la playa. Cerca de Nafplio hay un pueblo llamado Toló cuya playa nos habían recomendado. Lo cierto es que no buscamos mucho: aparcamos el coche donde pusimos y, pasando entre dos edificios puestos por el señor Kostas, llegamos a la estrecha playita. Estrecha pero libre. Conque nos dimos un buen baño y tomamos el sol un poco. No os pongo ninguna foto mía porque mi moreno agromán se cargaba el fotómetro de la cámara, pero aquí podéis ver a Tereixa sufriendo en la playa.

Ay, qué dura es la vida

Y ya nos volvimos a Nafplio a ducharnos, cambiarnos e ir a buscar un bar donde ver el Grecia - España de baloncesto, Podíamos verlo en el hotel, pero siempre tiene más gracia con más peña, especialmente si son del otro equipo. Nos costó un montón encontrar un bar donde estuvieran poniendo el partido, pero finalmente lo hicimos; eso sí, estábamos nosotros dos solos con los camareros. Finalmente aparecieron un par de griegos con los que nos picamos un poco; por desgracia, coincidió su llegada con el inicio de la remontada griega.

El momento tonto de la tarde se produjo cuando Tereixa y yo tuvimos esta conversación:

- Luis, ¿no te recuerda el entrenador griego a alguien?
- No sé.
- Sí, a un escritor.
- Ni idea.
- Que sí, hombre, a uno que es gilipollas.
- ¡Ah, Juan Manuel de Prada!

Sí que tiene un aire, sí.

En fin, palmamos 79-75 y ahora toca ganar todos los partidos que quedan. Nos despedimos de los griegos y nos fuimos a buscar dónde cenar. No es que hoy me haya saltado la parte de la comida, es que no teníamos mucha hambre, pese a la panzada de escaleras, y no habíamos comido. Así que teníamos hambrecilla. Y eso pese a las cervezas que nos habíamos tomado durante el partido, que hacían que Tereixa se sintiera un tanto desorientada y confusa.

Decidimos volver por las callejuelas que habíamos recorrido en busca de un bar local; bares no habíamos visto, pero sí algunos restaurantes con buena pinta. Nos decidimos por uno muy majete llamado Το παλιό αρχοντικό (La vieja mansión). No era realmente una vieja mansión y, como casi siempre, cenamos en la terraza, pero sí era un lugar muy tranquilo en una calle bastante bonita. Decidimos hacer un dispendio y esta vez nos hemos gastado 40€ en la cena (entre los dos, ojo), pero metiéndonos cada uno una pescadilla como mi antebrazo, además de los entrantes y las sempiternas Mythos tamaño griego. Que han conseguido que Tere se sintiera aún más confusa; así que nos hemos tomado un helado que teníamos pendiente en la Antica Gelateria di Roma (que no es tan espectacular como dice la Lonely Planet, pero aun así está muy bien), hemos visto como un chico intentaba sin éxito pescar algún pez de los que saltaban en las aguas del puerto y nos hemos vuelto al hotel. Tereixa lleva ya un rato durmiendo y yo me voy a hacer lo propio. Mañana partimos ya hacia Atenas, nuestra última ciudad en Grecia.

2 comentarios:

  1. Te podias haber saltado tu foto. junto ha la puerta para pigmeos, por que estas como para .......una demostracion de tu buen gusto en el vestir. hasta tu madre ha dicho, esta cosa no puede ser mi chico,-

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  2. Soy un incomprendido... Pero bueno, tened en cuenta que éramos turistas; tenía que vestir como tal.

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